BRIXEN

Brixen (o Bresanone), ciudad de más de mil años de antigüedad), se halla situado en un valle, atravesado por un río que conforma gran parte de su estructura urbanística, rodeada de montañas que la protegen y mantienen un clima acogedor, ideal para el viajero.
En Brixen se combinan el desarrollo industrial y urbano con un ambiente tranquilo, permitiendo las comodidades de la vida de ciudad y el descanso propio de un entorno rural.
Entre su oferta cultural, destaca el Convento de Agustinos Neustif (o Novacella), en el norte de Brixen, del barroco tardío con claustro gótico, sí como la Fuente de la Maravilla, y una biblioteca en la que junto a un gran catálogo de librosy documentos, se puede admirar su exquisita decoración.
Hemos de mencionar también el Castillo de Brixen, antigua residencia de obispos, el Museo de Belenes con artesanías en porcelana y otros materiales diversos, la Catedral con pinturas y frescos de Paul Troger y altar mayor de Theodor Venedetti, el Museo de Farmacia con piezas de un antiguedad de 400 años y en la que se puede contemplar la realización de algunos medicamentos.
A todo esto se ha de añadir una gran cantidad de iglesias con frescos de gran calidad.
La ciudad cuenta con una gran cantidad de locales de ocio y comercio, ofreciendo al visitante el placer de hacer las compras en las estrechas calles y disfrutar de la oferta gastronómica de sus restaurantes.
Cultura y naturaleza van de la mano, por lo que se aconseja al viajero los paseos y rutas que discurren por los prados y bosques que rodean a la ciudad o bañarse en el cercano lago de Vahrn.
Casi obligado es el ascenso al Plose, la montaña de Brixen, esquiar en invierno y caminar por sus rutas en verano. Dispone de establecimientos situados en diferentes puntos estratégicos de estas rutas, en las que realizar paradas para descansar y tomar un tentempié, renovar fuerzas y continuar o concluir la marcha.
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